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Cuando el jardín es parte del alma de un hotel

Nada parece indicar que tras las puertas que jalonan la entrada de Can Bordoy, se halla el jardín privado más grande del casco histórico de la ciudad de Palma de Mallorca. Un pequeño vergel que se ha convertido en parte de su codiciada alma, y lo acompaña en su concepto creativo definido como “Grand House & Garden”.

Acostumbrados a elegir un alojamiento por su ubicación, por la amplitud de sus suites, por su servicio exclusivo, por la cercanía y amabilidad de su personal, nos hemos preguntado si el contar con un jardín puede ser también un elemento definitorio al hacer una reserva.

Si miramos en algunos de los buscadores más conocidos como Booking.com, vemos que el jardín no está incluido en la segmentación que el usuario utiliza a la hora de buscar un hotel. Sin embargo, ese hecho contrasta con otra realidad, la que nos ha dejado como herencia la pandemia, y que muestra cómo todos apreciamos mucho más que antes los espacios al aire libre.

En el caso de Can Bordoy Grand House & Garden, eso ha hecho que el jardín se haya convertido en una parte más de nuestra gran casa, con derecho y personalidad propia, que va cambiando de función según la hora del día.

Por la mañana se transforma en la terraza dónde nuestros clientes dan la bienvenida al día entre cantos de pájaros, mientras degustan un exquisito desayuno a la carta; más tarde pasa a ser el relajante enclave dónde el murmullo de una fuente acompaña las lecturas estivales; y por la tarde hace las veces de acogedor auditorio, sirviendo  de marco a presentaciones con mucho encanto, como la que la diseñadora de joyas Isabel Guarch hizo allí, hace unos meses, de su nueva colección “Noms”.

Pero en ese remanso de paz también hay lugar para el más puro hedonismo, ya que en él se encuentra la romántica pérgola bajo la que, cuando el tiempo acompaña, se llevan a cabo sofisticados y exclusivos masajes; y la piscina de Can Bordoy, un reducto de absoluta tranquilidad en pleno centro de la ciudad de Palma.

Hay clientes que se han despedido de él mencionando la palabra “santuario” (de la naturaleza), un apelativo que nos permite evocar otro de los tesoros que esconde en su interior: uno de los tilos más alto y longevo de la capital balear. Nadie sabe bien desde cuándo lo habita, pero su sombra hace de este espacio un punto de encuentro ideal para hacer un alto en el camino, a los pies de un árbol que para distintos pueblos nórdicos y germanos es sagrado, mientras se recorren las calles palmesanas.

El amor que el jardín profesa por sus visitantes se deja notar en las despedidas. Y es que la exuberancia de sus plantas se resiste a dejarlos ir, y se adentra en la gran casa a través del techo de la sala apodada Jumanji, el punto en el que el jardín deja de ser jardín, para convertirse en casa. Ven a conocerlo.  ¡Te esperamos!

 

 

 

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